jueves, 24 de julio de 2014

LA ISLA FELIZ; MAUI, HAWÁI.

¿Quién no ha soñado alguna vez con pisar Hawái? Con Hawái y con Bombay; esos dos paraísos que Ana Torroja se montaba de vez en cuando en su piso.
El archipiélago hawaiano es quizás uno de los destinos más deseados y por ello idealizado. Así llegué yo a Maui, la segunda isla más grande de Hawái, esperando collares de flores, canoas polinesias y danzas hula. Eso no lo encontré, encontré algo mejor: naturaleza a borbotones, experiencias genuinas y gente feliz, muy feliz.
Hawai es territorio estadounidense y esa colonización ha borrado parte de su exotismo sustituyendo los mercados locales y restaurantes autóctonos por Walmart, Starbuks o puestos ambulantes de tacos mejicanos. Fue a finales del siglo XVIII cuando el marino británico James Cook descubrió la isla de Maui y no mucho después sus compatriotas abrieron allí la primera escuela para adoctrinar a los nativos, por lo que la semilla anglosajona prendió en Hawái hace ya mucho tiempo. Pese a ello, las raíces polinesias y la belleza natural extrema permanecen, aunque hay que buscar un poco más profundamente.

"Playa de Lahaina, atardecer, Maui, Hawái"

Conocer las maravillas de Maui requiere esfuerzo y espíritu aventurero. Alquilar un coche y prepararse para afrontar el mareo son las dos premisas básicas para comenzar. En las zonas naturales valiosas no hay servicios, por lo que llevar agua fresca y algo de comida es recomendable, además de un mapa, ya que la cobertura de Internet es bastante limitada. Por la costa noreste de la isla trascurre Hana Road una carretera escénica que serpentea entre selva, cascadas, puentes y piscinas naturales. El camino empieza en Haiku y termina en el pequeño pueblo de Hana. Son cerca de noventa kilómetros y seiscientas curvas, pero lo importante no es llegar si no disfrutar del camino. Twin Falls es la primera cascada en aparecer en el mapa, la de más fácil acceso y por ello la más concurrida. Si se tienen ganas de explorar el secreto es contenerse al principio y reservar fuerzas para perderse en las del final, mucho más salvajes. Nada está señalizado, los senderos pueden ser escarpados y resbaladizos por lo que hay ser precavido.

"Hana Road Maui cascadas piscinas sagradas"

"Red Sand Beach mejor playa Hana Maui"
Sin embargo, llegar hasta Hana tiene premio: Red Sand Beach. Una playa de arena roja y agua color verde, oculta entre paredes volcánicas. Se encuentra tras la bahía y las únicas señales que te encuentras en el descenso son las que te informan de que si te despeñas nadie se hará responsable. Yo, por no causarle inconvenientes a nadie, opté por bajar arrastrando el trasero. Mis zapatillas acabaron con un agujero y la culera de mi pantalón irrecuperable pero mereció la pena, ya lo creo. Es el lugar con mejor energía en el que he estado nunca. La sensación al tumbarte es la de que la tierra te abrazase, así que allí nos quedamos hasta que cayó el sol.

Pero las maravillas a este lado de la isla no acaban en Hana por lo que hacer noche en este pequeño pueblo y continuar a la mañana siguiente puede ser una opción bastante inteligente. Si seguimos descendiendo por la costa hacia el sur, llegaremos hasta Waimoku Fall, una cascada de ciento veinte metros de caída, y a las Siete Piscinas Sagradas de Oheo Gulch; siete charcas naturales rodeadas de vegetación en las que bañarse contemplando el mar. Estas piscinas se encuentran en las faldas del Haleakala, el volcán inactivo más grande del mundo y del que cuyas entrañas brotó lo que hoy es la isla de Maui. Para visitarlo es más que recomendable echarle un vistazo a las previsiones meteorológicas antes de subir, si no, como en nuestro caso, será una pérdida de tiempo y de dinero, porque si en la cima hay nubes no veréis nada. Ante tan frecuente contrariedad los guardas forestales han optado por intentar desviar la atención del decepcionado turista cantando. Si, cantando, poniendo ritmo y entonación a la historia del volcán, a las rutas por el cráter o a las características de su flora; ciertamente ridículo.
Una vez en lo más alto de la montaña llegar a la boca del volcán no es tan fácil como indican algunas guías ya que puede llevarte hasta cuatro días caminado, por lo que esa parte de la aventura se la dejamos a caminantes bien equipados y experimentados. 

"Twin falls Hana highway Maui"

 
"Makawao y Kula en Maui"
Al descender por las laderas del Halekeala hay que cruzar diferentes pueblecillos de interior que merecen una parada. Kula cuenta con una peculiar iglesia octogonal que los reyes de Portugal regalaron a los trabajadores de las plantaciones de caña de azúcar en 1894. Varios kilómetros más abajo, se encuentra Makawao que recuerda por sus casas de madera y sus gallinas corriendo por todas partes, a un pueblo del Oeste.  
Ya prácticamente en la costa está Paia, también pequeño y coqueto pero con mucha más vida ya que surte de servicios a Hamoa Beach, uno de los mejores lugares del planeta, dicen, para subirse a una tabla de surf y que ha sido sede, de hecho, de varios campeonatos mundiales.

Snorkel en Honolua Bay Maui, Hawai

Sin embargo lo mejor de Maui no se ve con las gafas de sol, si no de buceo. Aquel día era tarde y amenazaba con llover por lo que decidimos no explorar y apostar a un valor seguro; Slaughter House Beach en Kapalua Bay al oeste de la isla. Una playa bastante salvaje, plagada de corales donde el día anterior habíamos visto multitud de peces. Nada más llegar me puse mis gafas y tubo de snorkel, cumpliendo con mi nueva faceta de buceadora amateur, y me fui al agua. Desde el primer momento noté algo extraño, el agua estaba más turbia que el día anterior, los peces se movían muy rápido y curiosamente todos hacia la misma dirección; yo seguí a lo mío. Hasta que una de mis neuronas conectó con mi archivo cinematográfico y descubrió la semejanza de aquellos momentos con los instantes previos a los ataques en Tiburón. Instintivamente me giré y efectivamente, allí estaba, a menos de medio metro; un ojo, una aleta, un caparazón, ¡Una tortuga más grande que yo! Menos de cinco segundos tardé en regresar a tierra firme. Pobrecilla, que susto debí darle y apunto estuve además de desalojar a gritos la playa. Una vez pasado el susto inicial y tras racionalizar la situación regresé al agua, ya calmada. No era una, eran cuatro majestuosas criaturas. Estaban comiendo algas en las rocas. Permanecí dentro hasta que mis fuerzas me lo permitieron, después me quedé observándolas desde las rocas sacar sus cabecitas periódicamente para respirar. Fue algo hipnótico, pues no era capaz de irme, una experiencia única, quizás, la mejor de mi vida.

"Tortuga verde en las rocas en Mokuleia Maui"


"Snorkel en Molokini crater Maui"
Al día siguiente tomamos un barco rumbo a Molokini, un islote con forma de media luna que hace doscientos mil años fue parte de la boca de un antiguo cráter. Debido a su morfología, similar a la de un gigantesco barco, durante la Segunda Guerra Mundial fue utilizado por el ejército estadounidense para realizar prácticas de tiro. Hoy, parece ser, que libre ya de munición por explosionar, es una reserva para aves, peces y corales cuidada con mimo y considera uno de los diez mejores lugares del mundo para bucear. El agua, muy limpia y de un azul intenso, sobre todo en la pared exterior, te permite una visibilidad de unos treinta metros bajo tus pies y es entonces cuando te dices; ¡Dios mío, soy un microbio! Cientos de peces nadan tranquilos a tu alrededor; el pez loro, el ballesta, el pez mariposa, globo o trompeta y hasta algún que otro pulpo. Pero no todos sus habitantes son tan cándidos. Escondida entre las rocas una morena nos enseñaba sus afilados dientecillos y en el fondo puede haber tiburones, aunque nos aseguraron que con los humanos suelen ser bastante tímidos. Cierto es que según las estadísticas cada año mueren muchas más personas en la playa por el golpe de un coco en la cabeza que debido al ataque de un tiburón. Pero ya se sabe que no hay peor cosa que coger mala fama.

Tierra adentro, a pocas millas de Molokini se encuentra la península de Makena  una zona también conocida como Turtle Town. Allí nos dejamos caer del barco y sus vetustas majestades no tardaron en aparecer, esta vez ya, sin sobresaltos.
Pese a que deberían, no se asustan por la presencia humana, es más, en una ocasión tuvimos que retroceder para no chocarnos con una. Las tortugas verdes están en peligro de extinción e intentar tocarlas o molestarlas está penado en Hawái con multas de hasta cien mil dólares.
La siguiente bahía hacia el sur es La Perouse, el fragmento de tierra más joven de la isla formado por el magma y los sedimentos  que escupió el volcán en su última erupción en 1790. Un mar de tierra oscura y yerma por el que se pueden realizar rutas a pie y desde el que además es relativamente fácil divisar grupos de delfines nariz de botella.

"tortuga verde sacando la cabeza Maui"

Hoy Maui es una zona segura para tortugas, delfines y ballenas, pero un día como en muchos otros lugares del mundo fue un infierno. De diciembre a abril las ballenas jorobadas, “Koholas” en hawaiano, emigran desde Alaska para reproducirse en las aguas cálidas y poco profundas de Maui. La ciudad de Lahaina, hoy un lugar encantador, plagado de bonitas tiendas y restaurantes, fue un pueblo ballenero que congregaba cada invierno a la mayoría de los arponeros del Pacífico. Así, a finales del siglo XIX llegaron a estar prácticamente extinguidas en la zona. De aquello afortunadamente ya no queda nada y hoy Lahaina es la sede de Pacific Whale Fundation, organización encargada de su estudio y protección que además ofrece excursiones para su avistamiento.

"qué ver en Lahaina Maui shave ice"


Lahaina es también un buen lugar para hospedarse, no solo porque dicen que pueden escucharse las serenatas de cortejo de las ballenas si no porque es una buena alternativa    si se quieren evitar los mastodónticos resorts de Kaanapali. Buscar pequeños hoteles familiares o casas particulares te permite tratar con los locales, algo que es muy valioso en Maui. La gente está calmada, es respetuosa, emana sabiduría y lo que es más importante; sonríen. Los habitantes de Maui son felices, por eso creo que quizás sea verdad la máxima de los nativos hawaianos que dice que la salud de la humanidad está ligada irremediablemente al mar.  

Seguiría escribiendo sobre Maui. Siento que tendría muchas más cosas que contar y es más, siento que si volviese seguiría descubriendo cosas increíbles. De hecho; viviría allí, aunque de momento y hasta que lo consiga, sólo me queda montarme este paraíso, en mi piso.


1 comentario:

  1. Hola Irene, un gusto, me llamo mucho la atención la frase que usas, "Un día deseé con tanta fuerza" permiteme preguntarte que sientes dentro de ti cuando piensas en ello.

    Muy buen blog, muy descriptivo y tienes la capacidad de llevar a los demás a tú viaje contigo también.

    Sigue adelante.
    Un saludo cordial desde el Fin del Mundo.

    Felipe G.

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