domingo, 16 de marzo de 2014

LA SEGURIDAD EN NUEVA YORK.¿QUÉ HAY DETRÁS DE UNA MANZANA ROBADA?.

Siempre he sido muy crédula pero cada día lo soy menos, e incluso, corro el riesgo de convertirme en esa clase de personas que se apuntan a todo tipo de teorías de la conspiración. Esto me sucede desde que realmente me creí, y me costó, que en este mundo capitalista del que somos parte, sólo y exclusivamente importan dos cosas: el dinero y el poder.

Gracias a Edward Snowden hoy sabemos de las presuntas prácticas de espionaje masivo llevadas a cabo sin pudor y sin vergüenza. Espían a Angela Merkel y a Rajoy, pero también a ti y a mi.  Después de algunos meses viviendo en Nueva York puedo corroborar que existen infinidad de formas de control que a menudo, al común de los mortales, se nos escapan.
  
La Asamblea General de la ONU nos pilló viviendo en un hotel en Midtown a menos de diez minutos de la Sede de Naciones Unidas. Varios días antes del encuentro internacional la calle comenzó a estar atestada de policías, múltiples áreas cortadas sin razón aparente y bloques de hormigón, cercando las puertas de los hoteles más importantes. Incluso, una tarde haciendo footing en dirección a Central Park y sin proponérnoslo, nos topamos con la “guardia pretoriana” del Presidente Obama acampada con todo su material de escáneres, detectores y quién sabe qué, a la puerta del Waldorf Astoria, donde se alojaba.

Bloques de hormigón seguridad NYPD

Hasta aquí todo tal y como se podía esperar de la seguridad de un encuentro de esta magnitud. Pero lo cierto es que esta zona de Nueva York está plagada de hoteles titánicos. Miles de habitaciones rodean o incluso comparten tabique con las suites de altos cargos, embajadores o incluso presidentes, algo demasiado importante cómo para dejarlo a la improvisación.

Fue entonces cuando en nuestro hotel comenzaron a pasar cosas más sospechosas de lo habitual. Generalmente y antes de la asamblea, cada tarde una señorita se acercaba a nuestra habitación y llamaba a la puerta diciendo; “house keeping, house keeping” El aparente objetivo era regalarte una insípida chocolatina y desearte buenas noches. En definitiva, molestarte y en caso de que no estuvieras en la habitación, entrar y dejarte tan preciado detalle. Perdónenme, pero no me lo creo. Y me lo creo aún menos cuando estando celebrándose la asamblea, escucho ese ya tradicional “house keeping”, unos cuantos tonos más grave de lo habitual, y al abrir la puerta me encuentro a un "armario" al que nunca había visto por el hotel. Un portero de discoteca con traje, que amablemente me ofrece una hermosísima manzana verde y me dice: “Aquí tiene, es un regalo del hotel”. Extrañada, cierro la puerta y coloco la manzana al lado del televisor. Minutos después me voy de la habitación y al regresar una hora más tarde, compruebo asombrada que mi brillante manzana verde ha desaparecido. Magia; no creo, excusas para controlar a los huéspedes del hotel; seguro. Pero ¿por qué se han llevado mi manzana? ¡Encima nos toman por tontos! Pensé en reclamarla indignada en la recepción, pero, en fin, hay cosas mejores en las que emplear la energía.

La escena fue similar a cuando la bruja le brinda la manzana a Blancanieves. Menos mal que afortunadamente no tuve tiempo para catarla.


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