jueves, 24 de julio de 2014

LA ISLA FELIZ; MAUI, HAWÁI.

¿Quién no ha soñado alguna vez con pisar Hawái? Con Hawái y con Bombay; esos dos paraísos que Ana Torroja se montaba de vez en cuando en su piso.
El archipiélago hawaiano es quizás uno de los destinos más deseados y por ello idealizado. Así llegué yo a Maui, la segunda isla más grande de Hawái, esperando collares de flores, canoas polinesias y danzas hula. Eso no lo encontré, encontré algo mejor: naturaleza a borbotones, experiencias genuinas y gente feliz, muy feliz.
Hawai es territorio estadounidense y esa colonización ha borrado parte de su exotismo sustituyendo los mercados locales y restaurantes autóctonos por Walmart, Starbuks o puestos ambulantes de tacos mejicanos. Fue a finales del siglo XVIII cuando el marino británico James Cook descubrió la isla de Maui y no mucho después sus compatriotas abrieron allí la primera escuela para adoctrinar a los nativos, por lo que la semilla anglosajona prendió en Hawái hace ya mucho tiempo. Pese a ello, las raíces polinesias y la belleza natural extrema permanecen, aunque hay que buscar un poco más profundamente.

"Playa de Lahaina, atardecer, Maui, Hawái"

Conocer las maravillas de Maui requiere esfuerzo y espíritu aventurero. Alquilar un coche y prepararse para afrontar el mareo son las dos premisas básicas para comenzar. En las zonas naturales valiosas no hay servicios, por lo que llevar agua fresca y algo de comida es recomendable, además de un mapa, ya que la cobertura de Internet es bastante limitada. Por la costa noreste de la isla trascurre Hana Road una carretera escénica que serpentea entre selva, cascadas, puentes y piscinas naturales. El camino empieza en Haiku y termina en el pequeño pueblo de Hana. Son cerca de noventa kilómetros y seiscientas curvas, pero lo importante no es llegar si no disfrutar del camino. Twin Falls es la primera cascada en aparecer en el mapa, la de más fácil acceso y por ello la más concurrida. Si se tienen ganas de explorar el secreto es contenerse al principio y reservar fuerzas para perderse en las del final, mucho más salvajes. Nada está señalizado, los senderos pueden ser escarpados y resbaladizos por lo que hay ser precavido.

"Hana Road Maui cascadas piscinas sagradas"

"Red Sand Beach mejor playa Hana Maui"
Sin embargo, llegar hasta Hana tiene premio: Red Sand Beach. Una playa de arena roja y agua color verde, oculta entre paredes volcánicas. Se encuentra tras la bahía y las únicas señales que te encuentras en el descenso son las que te informan de que si te despeñas nadie se hará responsable. Yo, por no causarle inconvenientes a nadie, opté por bajar arrastrando el trasero. Mis zapatillas acabaron con un agujero y la culera de mi pantalón irrecuperable pero mereció la pena, ya lo creo. Es el lugar con mejor energía en el que he estado nunca. La sensación al tumbarte es la de que la tierra te abrazase, así que allí nos quedamos hasta que cayó el sol.

Pero las maravillas a este lado de la isla no acaban en Hana por lo que hacer noche en este pequeño pueblo y continuar a la mañana siguiente puede ser una opción bastante inteligente. Si seguimos descendiendo por la costa hacia el sur, llegaremos hasta Waimoku Fall, una cascada de ciento veinte metros de caída, y a las Siete Piscinas Sagradas de Oheo Gulch; siete charcas naturales rodeadas de vegetación en las que bañarse contemplando el mar. Estas piscinas se encuentran en las faldas del Haleakala, el volcán inactivo más grande del mundo y del que cuyas entrañas brotó lo que hoy es la isla de Maui. Para visitarlo es más que recomendable echarle un vistazo a las previsiones meteorológicas antes de subir, si no, como en nuestro caso, será una pérdida de tiempo y de dinero, porque si en la cima hay nubes no veréis nada. Ante tan frecuente contrariedad los guardas forestales han optado por intentar desviar la atención del decepcionado turista cantando. Si, cantando, poniendo ritmo y entonación a la historia del volcán, a las rutas por el cráter o a las características de su flora; ciertamente ridículo.
Una vez en lo más alto de la montaña llegar a la boca del volcán no es tan fácil como indican algunas guías ya que puede llevarte hasta cuatro días caminado, por lo que esa parte de la aventura se la dejamos a caminantes bien equipados y experimentados. 

"Twin falls Hana highway Maui"

 
"Makawao y Kula en Maui"
Al descender por las laderas del Halekeala hay que cruzar diferentes pueblecillos de interior que merecen una parada. Kula cuenta con una peculiar iglesia octogonal que los reyes de Portugal regalaron a los trabajadores de las plantaciones de caña de azúcar en 1894. Varios kilómetros más abajo, se encuentra Makawao que recuerda por sus casas de madera y sus gallinas corriendo por todas partes, a un pueblo del Oeste.  
Ya prácticamente en la costa está Paia, también pequeño y coqueto pero con mucha más vida ya que surte de servicios a Hamoa Beach, uno de los mejores lugares del planeta, dicen, para subirse a una tabla de surf y que ha sido sede, de hecho, de varios campeonatos mundiales.

Snorkel en Honolua Bay Maui, Hawai

Sin embargo lo mejor de Maui no se ve con las gafas de sol, si no de buceo. Aquel día era tarde y amenazaba con llover por lo que decidimos no explorar y apostar a un valor seguro; Slaughter House Beach en Kapalua Bay al oeste de la isla. Una playa bastante salvaje, plagada de corales donde el día anterior habíamos visto multitud de peces. Nada más llegar me puse mis gafas y tubo de snorkel, cumpliendo con mi nueva faceta de buceadora amateur, y me fui al agua. Desde el primer momento noté algo extraño, el agua estaba más turbia que el día anterior, los peces se movían muy rápido y curiosamente todos hacia la misma dirección; yo seguí a lo mío. Hasta que una de mis neuronas conectó con mi archivo cinematográfico y descubrió la semejanza de aquellos momentos con los instantes previos a los ataques en Tiburón. Instintivamente me giré y efectivamente, allí estaba, a menos de medio metro; un ojo, una aleta, un caparazón, ¡Una tortuga más grande que yo! Menos de cinco segundos tardé en regresar a tierra firme. Pobrecilla, que susto debí darle y apunto estuve además de desalojar a gritos la playa. Una vez pasado el susto inicial y tras racionalizar la situación regresé al agua, ya calmada. No era una, eran cuatro majestuosas criaturas. Estaban comiendo algas en las rocas. Permanecí dentro hasta que mis fuerzas me lo permitieron, después me quedé observándolas desde las rocas sacar sus cabecitas periódicamente para respirar. Fue algo hipnótico, pues no era capaz de irme, una experiencia única, quizás, la mejor de mi vida.

"Tortuga verde en las rocas en Mokuleia Maui"


"Snorkel en Molokini crater Maui"
Al día siguiente tomamos un barco rumbo a Molokini, un islote con forma de media luna que hace doscientos mil años fue parte de la boca de un antiguo cráter. Debido a su morfología, similar a la de un gigantesco barco, durante la Segunda Guerra Mundial fue utilizado por el ejército estadounidense para realizar prácticas de tiro. Hoy, parece ser, que libre ya de munición por explosionar, es una reserva para aves, peces y corales cuidada con mimo y considera uno de los diez mejores lugares del mundo para bucear. El agua, muy limpia y de un azul intenso, sobre todo en la pared exterior, te permite una visibilidad de unos treinta metros bajo tus pies y es entonces cuando te dices; ¡Dios mío, soy un microbio! Cientos de peces nadan tranquilos a tu alrededor; el pez loro, el ballesta, el pez mariposa, globo o trompeta y hasta algún que otro pulpo. Pero no todos sus habitantes son tan cándidos. Escondida entre las rocas una morena nos enseñaba sus afilados dientecillos y en el fondo puede haber tiburones, aunque nos aseguraron que con los humanos suelen ser bastante tímidos. Cierto es que según las estadísticas cada año mueren muchas más personas en la playa por el golpe de un coco en la cabeza que debido al ataque de un tiburón. Pero ya se sabe que no hay peor cosa que coger mala fama.

Tierra adentro, a pocas millas de Molokini se encuentra la península de Makena  una zona también conocida como Turtle Town. Allí nos dejamos caer del barco y sus vetustas majestades no tardaron en aparecer, esta vez ya, sin sobresaltos.
Pese a que deberían, no se asustan por la presencia humana, es más, en una ocasión tuvimos que retroceder para no chocarnos con una. Las tortugas verdes están en peligro de extinción e intentar tocarlas o molestarlas está penado en Hawái con multas de hasta cien mil dólares.
La siguiente bahía hacia el sur es La Perouse, el fragmento de tierra más joven de la isla formado por el magma y los sedimentos  que escupió el volcán en su última erupción en 1790. Un mar de tierra oscura y yerma por el que se pueden realizar rutas a pie y desde el que además es relativamente fácil divisar grupos de delfines nariz de botella.

"tortuga verde sacando la cabeza Maui"

Hoy Maui es una zona segura para tortugas, delfines y ballenas, pero un día como en muchos otros lugares del mundo fue un infierno. De diciembre a abril las ballenas jorobadas, “Koholas” en hawaiano, emigran desde Alaska para reproducirse en las aguas cálidas y poco profundas de Maui. La ciudad de Lahaina, hoy un lugar encantador, plagado de bonitas tiendas y restaurantes, fue un pueblo ballenero que congregaba cada invierno a la mayoría de los arponeros del Pacífico. Así, a finales del siglo XIX llegaron a estar prácticamente extinguidas en la zona. De aquello afortunadamente ya no queda nada y hoy Lahaina es la sede de Pacific Whale Fundation, organización encargada de su estudio y protección que además ofrece excursiones para su avistamiento.

"qué ver en Lahaina Maui shave ice"


Lahaina es también un buen lugar para hospedarse, no solo porque dicen que pueden escucharse las serenatas de cortejo de las ballenas si no porque es una buena alternativa    si se quieren evitar los mastodónticos resorts de Kaanapali. Buscar pequeños hoteles familiares o casas particulares te permite tratar con los locales, algo que es muy valioso en Maui. La gente está calmada, es respetuosa, emana sabiduría y lo que es más importante; sonríen. Los habitantes de Maui son felices, por eso creo que quizás sea verdad la máxima de los nativos hawaianos que dice que la salud de la humanidad está ligada irremediablemente al mar.  

Seguiría escribiendo sobre Maui. Siento que tendría muchas más cosas que contar y es más, siento que si volviese seguiría descubriendo cosas increíbles. De hecho; viviría allí, aunque de momento y hasta que lo consiga, sólo me queda montarme este paraíso, en mi piso.


miércoles, 7 de mayo de 2014

LA FRONTERA. LA COMUNIDAD JUDÍA ULTRA ORTODOXA DE NUEVA YORK.

Williamsburg, en Brooklyn, es el barrio de los mercadillos vintage, de los artistas y culturetas. Looks imposibles, tendencias naciendo y modernos con dinero que se esfuman al llegar a “La frontera”. Broadway Street marca el límite entre hipsters y judios ultra ortodoxos dentro de un mismo barrio.  Cruzar esta calle supone viajar a otra realidad y encontrarse con un mundo antagónico a menos de veinte metros.

Familias de ocho miembros, todos vestidos de negro, cabezas cubiertas, edificios enrejados, recato y silencio. La reacción de quien se adentra por primera vez en el vecindario  ultra ortodoxo de Williamsburg puede variar entre la curiosidad, la perplejidad o incluso el miedo.  He visto múltiples reacciones pero todas atienden a lo mismo: el desconocimiento. ¿Quiénes son y porqué no participan de nuestro modo de vida?
familia judía ultra ortodoxa pasea por Nueva York

Para la comunidad Jasídica Satmar, compuesta en su mayoría por judíos húngaros y rumanos supervivientes del holocausto, la religión es una forma de vida que marca estrictamente cómo vestir, qué comer o a qué dedicar su ocio. Todo en su modo de vida atiende a un porqué y descubrirlo es apasionante. Las mujeres casadas tienen que cubrirse el pelo, hay quienes lo hacen mediante una sombrero o un turbante, aunque la mayoría lleva una peluca, llamada “sheitel”, que les permite tener una apariencia común y al mismo tiempo reservar su belleza sólo para su marido. Las de ascendencia húngara suelen además llevar el pelo rapado bajo la peluca. El decoro es una cualidad esencial en ellas, por eso el resto de su vestimenta va en la misma línea. Faldas por debajo de la rodilla,  siempre medias, nunca escotes y mangas hasta el codo. Una estética uniforme que las convierte aparentemente en clones.

"Mujeres judías ultra ortodoxas usan pelucas"



"barrio judío Nueva York"
Los hombres se cubren la cabeza, primero con la kipá, típica boina judía, pero en este caso más grande y de terciopelo negro, y después con un sombrero de ala ancha o revestido de piel de zorro llamado “spodic”. Se cubren la cabeza, y lo hacen dos veces, para recordar que siempre por encima de ellos está Dios observando todas sus acciones. Los varones además llevan dos tirabuzones a los lados de la cabeza.
El resto de su indumentaria es muy similar a la que usaban sus antepasados en el siglo XVIII,  la misma también que llevaban los primeros judíos ultra ortodoxos que llegaron a Nueva York tras la segunda guerra mundial. Primero se establecieron en el Lower East Side en Manhattan, donde dejaron una preciosa sinagoga, la más antigua de la ciudad, en la calle Norfolk. Pero en 1950 el Rabino Teitelbaum, uno de los pocos afortunados que logró salir de Auschwitz en un tren de rescate  apodado como el “Arca de Noé”, decidió establecer el centro de la comunidad jasídica en Williamsburg. Entonces eran un pequeño grupo, hoy son cerca de ochenta mil y en veinte años habrán doblado su número. Cada noche en la comunidad se celebran entre diez y doce bodas, los divorcios prácticamente no existen y cada pareja tiene una media de seis hijos.

No hace falta hacer ningún estudio poblacional para darse cuenta de su imparable crecimiento, basta con pasear por la calle. Antes de cruzar Broadway, la frontera, los niños son escasos y abundan los perros, una vez en la zona judía, sólo hay niños y ni un solo perro.
La elevada tasa de natalidad junto a al bajo nivel formativo hacen que los índices de pobreza sean bastante altos en la comunidad.  Esta fue una de las características que más me sorprendió de ellos. Muy lejos de la imagen que tenemos del judío acaudalado empresario de éxito, cerca de la mitad de las familias ultraortodoxas viven por debajo del umbral de la pobreza y esto se debe a varios factores. Para empezar carecen de la formación necesaria para alcanzar trabajos de alta remuneración ya que acuden a colegios propios donde la educación se centra en el estudio de las sagradas escrituras, dejando de lado otros aspectos. Un estudio al que siguen dedicando gran parte de su tiempo a edad adulta lo que obliga a las mujeres a trabajar en casa y fuera. La mayoría también en empleos de baja cualificación.

"niños judíos ultra ortodoxos Nueva York"

 De los beneficios que otorga el Estado de Israel a los judíos, los ultra ortodoxos tampoco se benefician. Es más, lo rechazan cómo si del más sucio de los dineros se tratase. Una tarde mientras hacía un trasbordo en el metro contemple de refilón lo que me pareció ser un judío jasídico con una pancarta que decía “Israel es el demonio”, y como en Nueva York se ve de todo, pensé que simplemente sería un performance, pero nada más lejos de la realidad. Para los judíos ultra ortodoxos el estado de Israel es la causa de gran parte de los males de este mundo. Ellos ansían la Tierra Prometida pero no aquella que se consigue mediante la guerra sino la que traerá el mesías, cuando llegue. Es más, consideran que el holocausto fue una causa directa del nacimiento del sionismo en el siglo XIX, al igual que lo es hoy en día el terrorismo o la violencia en todas sus formas.

"judíos ultra ortodoxos Brooklyn"
Sin embargo las fronteras suelen tener más filtraciones de las que a primera vista aparenta. La palabra “Ikea” parece incompatible con el término ultraortodoxo, pues bien, no lo es. Quizás haya más jasídicos comprando allí por metro cuadrado que en la Avenida Lee, arteria central de su comunidad, un domingo cualquiera. La frutería con los mejores precios de la zona: “Doña Piña”, también es compartida por hipsters, latinos y judíos al reclamo de espárragos a un dólar.
Al contrario también sucede; yo arreglo mis zapatos en una pequeña tienda regentada por un judío mayorcísimo que por la mitad de precio me los deja como nuevos. Es precisamente esa tradición a la que siguen sujetos la que les hace ser buenos zapateros, fontaneros, orfebres o panaderos. Productos de calidad tras fachadas y escaparates  tan paupérrimos que te dan ganas de salir corriendo. Su afán por no ostentar les hace descuidar el exterior de sus negocios hasta lo inimaginable. Cual fue la sorpresa de una amiga alicantina que vino a visitarme unos días, cuando mientras paseábamos por la zona, se percató de que los zapatos “Chupetín” fabricados en su pueblo; Villena, los que los españoles hemos dejado de usar en favor de los de procedencia china, se venden hoy en el barrio ultra ortodoxo de Williamsburg.

"autobuses escolares barrio judío Nueva York"
Las relaciones entre esta comunidad y Ayuntamiento de Nueva York han pasado sus momentos de tensión pero en general son buenas. Los políticos de la ciudad saben que el grupo vota en bloque y que tener a sus líderes religiosos contentos es fundamental. La ciudad no ha accedido a su petición de que la biblioteca cierre los sábados, día de descanso obligado para los judíos, y abra los domingos. Tampoco a que el socorrista de la piscina municipal sea una mujer durante las clases femeninas.  Sí lo hizo, por ejemplo, al permitirles que utilicen el agua de pozos para fabricar su pan instalando unos filtros antibacteriológicos y no teniendo que usar así el agua tratado químicamente en las potabilizadoras. Y es que los judíos sólo pueden comer productos “Kosher”, que significa apto. Lo que es apto y lo que no, está escrito también en las escrituras. Las leyes Kosher son extensísimas; sólo comen animales rumiantes que tengan la pezuña partida, es decir oveja, vaca o cabra, nunca caballo o cerdo. Los animales han de ser sacrificados estando conscientes mediante un corte en el cuello para que pierdan toda la sangre, ya que comer sangre no está permitido. Los pescados han de tener escamas y aletas, los mariscos no son Kosher. Los lácteos nunca pueden mezclarse con la carne y el vino es Kosher siempre que esté hecho por un judío. Suele ser un rabino el que certifica si algo es apto o no.    
"judío y comida kosher Brooklyn"

Son diferentes, muy diferentes a mi, son mis vecinos y me encanta pasear por sus calles los domingos, comprarme allí unos dulces, que por cierto hacen estupendamente, y regodearme en la idea de que se puede vivir de muchas otras maneras. Eso es lo mejor de Nueva York, lo que no esta en las guías, ni en las películas, la diversidad cultural, el horrorizarse o deleitarse frente a las diferentes formas de vivir de los otros, de tus vecinos. 

domingo, 16 de marzo de 2014

LA SEGURIDAD EN NUEVA YORK.¿QUÉ HAY DETRÁS DE UNA MANZANA ROBADA?.

Siempre he sido muy crédula pero cada día lo soy menos, e incluso, corro el riesgo de convertirme en esa clase de personas que se apuntan a todo tipo de teorías de la conspiración. Esto me sucede desde que realmente me creí, y me costó, que en este mundo capitalista del que somos parte, sólo y exclusivamente importan dos cosas: el dinero y el poder.

Gracias a Edward Snowden hoy sabemos de las presuntas prácticas de espionaje masivo llevadas a cabo sin pudor y sin vergüenza. Espían a Angela Merkel y a Rajoy, pero también a ti y a mi.  Después de algunos meses viviendo en Nueva York puedo corroborar que existen infinidad de formas de control que a menudo, al común de los mortales, se nos escapan.
  
La Asamblea General de la ONU nos pilló viviendo en un hotel en Midtown a menos de diez minutos de la Sede de Naciones Unidas. Varios días antes del encuentro internacional la calle comenzó a estar atestada de policías, múltiples áreas cortadas sin razón aparente y bloques de hormigón, cercando las puertas de los hoteles más importantes. Incluso, una tarde haciendo footing en dirección a Central Park y sin proponérnoslo, nos topamos con la “guardia pretoriana” del Presidente Obama acampada con todo su material de escáneres, detectores y quién sabe qué, a la puerta del Waldorf Astoria, donde se alojaba.

Bloques de hormigón seguridad NYPD

Hasta aquí todo tal y como se podía esperar de la seguridad de un encuentro de esta magnitud. Pero lo cierto es que esta zona de Nueva York está plagada de hoteles titánicos. Miles de habitaciones rodean o incluso comparten tabique con las suites de altos cargos, embajadores o incluso presidentes, algo demasiado importante cómo para dejarlo a la improvisación.

Fue entonces cuando en nuestro hotel comenzaron a pasar cosas más sospechosas de lo habitual. Generalmente y antes de la asamblea, cada tarde una señorita se acercaba a nuestra habitación y llamaba a la puerta diciendo; “house keeping, house keeping” El aparente objetivo era regalarte una insípida chocolatina y desearte buenas noches. En definitiva, molestarte y en caso de que no estuvieras en la habitación, entrar y dejarte tan preciado detalle. Perdónenme, pero no me lo creo. Y me lo creo aún menos cuando estando celebrándose la asamblea, escucho ese ya tradicional “house keeping”, unos cuantos tonos más grave de lo habitual, y al abrir la puerta me encuentro a un "armario" al que nunca había visto por el hotel. Un portero de discoteca con traje, que amablemente me ofrece una hermosísima manzana verde y me dice: “Aquí tiene, es un regalo del hotel”. Extrañada, cierro la puerta y coloco la manzana al lado del televisor. Minutos después me voy de la habitación y al regresar una hora más tarde, compruebo asombrada que mi brillante manzana verde ha desaparecido. Magia; no creo, excusas para controlar a los huéspedes del hotel; seguro. Pero ¿por qué se han llevado mi manzana? ¡Encima nos toman por tontos! Pensé en reclamarla indignada en la recepción, pero, en fin, hay cosas mejores en las que emplear la energía.

La escena fue similar a cuando la bruja le brinda la manzana a Blancanieves. Menos mal que afortunadamente no tuve tiempo para catarla.


jueves, 6 de marzo de 2014

DESPENSA DE PIRATAS, GRANDEZA DE ESPÍRITU; BOCAS DEL TORO, PANAMÁ.

Es paz y equilibrio, tan simple y tan complejo como eso. No es necesario más que respirar y caminar. La del archipiélago de Bocas del Toro, en el extremo occidental de Panamá, es una energía tan limpia, que te envuelve y te calma. Un lugar donde mi subconsciente me llevaba de forma recurrente, una y otra vez, a tararear la banda sonora de la película La Misión.

Hasta estas islas dudo que llegase el Padre Gabriel en su hazaña evangelizadora, pero si lo hizo Colón en su último viaje. Reparó sus naves, llenó su despensa y siguió su camino. Pero la ferocidad de los indígenas, los obstáculos naturales y la mala suerte impidieron a la colonización española adueñarse completamente del archipiélago de Bocas del Toro. Por ello es aún tan auténtico. Llegar hasta allí es arduo incluso hoy en día. Viajar en avioneta desde la ciudad de Panamá es posible, además debe ser cómodo y rápido, digo “debe” porque nosotros elegimos hacerlo en autobús, una opción barata, pero sacrificada. Diez horas de viaje con paradas constantes y curvas demoledoras para estómagos delicados que sobrellevé gracias a mi buen dormir y al conocimiento de estarme ahorrando el billete de avioneta y una noche de hotel.

"Isla de Bastimentos Bocas del Toro Panamá"


"cervezas Panamá y Balboa. Surf"Una vez en la ciudad de Almirante, es una pequeña lancha la que te lleva hasta la población de Bocas en Isla Colón. Un paraíso para surferos, amantes de la naturaleza y aventureros. Sin embargo, si prefieres la tumbona este no será, desde luego, el mejor destino para ti. Bocas es un pequeño pueblo con todas las comodidades pero sin grandes lujos, sin grandes hoteles ni restaurantes “chic”. Los hoteles más caros rondan los cien dólares, los más baratos quince por noche, aunque son realmente básicos. La mayoría de los baratos no están en Internet por ello os recomendaría contratar solo un par de noches y después elegir allí dónde ir. Hay comunidades indígenas y particulares que ofrecen opciones baratas e interesantes. Nosotros cometimos el error de contratarlo todo por adelantado. El Hotel El Limbo es acogedor. Los desayunos en su terraza sobre el agua mirando a la bahía fueron increíbles, las visitas que durante la noche me hicieron los chinches en la cama también. El balance fue de más de sesenta picaduras.

Para moverse por el archipiélago y entrar al Parque Natural de Bastimentos, donde habitan varios grupos de delfines en libertad, es necesario contratar una lancha o una excursión, pero cuidado, hay mucha oferta y no todas son iguales. Algunas se limitan a llevarte sin darte ninguna información y lo que es más grave, sin respetar las normas para el avistamiento de cetáceos, acosando y persiguiendo a los animales. Vimos delfines, sí, pero la experiencia me dejo bastante mal sabor de boca y el convencimiento de que si esto continúa así, pronto dejará de haber delfines en la bahía. Algo parecido sucede en la Playa de la Estrella. El área está plagada de carteles advirtiendo de que no se toque o saque del agua a las estrellas de mar porque mueren. Pese a ello hay quien lo hace corroborando una de las advertencias que muestra una frase de Albert Einstein: “Solo hay dos cosas infinitas; el universo y la estupidez humana”. Estupideces al margen, esta playa es espectacular: agua cristalina y calmada, arena suave, mucha vegetación y varios chiringuitos regentados por indígenas donde comer lo que produce la isla: patacones de plátano, frijoles y pescadito recién pescado. 

"Playa de la Estrella. Bocas del Toro"


Esta es una tierra peculiar no sólo por su biodiversidad si no también por sus gentes. Los colonizadores españoles no fundaron allí ninguna ciudad y eso marca radicalmente la diferencia con otras culturas de América Central. La población bocatoreña está formada por varios grupos indígenas; educados, herméticos y tímidos, tan tímidos que es difícil sacarles más de una palabra seguida. Entre ellos se comunican en su propia lengua y muchos tienen dificultades para hablar el castellano.

"Bocas del Toro, Bastimentos, excursiones"

La otra etnia más numerosa es la de los afro-antillanos que llegaron a las islas en el siglo XIX  procedentes principalmente de Jamaica. Fueron ellos quienes fundaron la ciudad de Bocas del Toro, también hablan su propia lengua el guarí, de raíces anglosajonas. A diferencia de los indígenas son extrovertidos y charlatanes. Donde mejor se puede conocer su forma de vida es en la Isla de Bastimentos a cinco minutos en lancha de Isla Colón. Old Bank es una pequeña población de una sola calle asfaltada repleta de casas construidas sobre pilares. Niños y perros juegan por la calle, la ropa esta tendida en los balcones y todo allí parece ser producto de una pausada improvisación. En menos de diez minutos el paseo acaba y siguiendo el camino empieza la selva. A partir de aquí y durante treinta minutos sólo silencio, pájaros y algún gruñido de procedencia desconocida. Es entonces cuando llegas a Playa Wizard, la más mágica que he conocido en mi vida. Una playa solitaria, por su dificultad de acceso y por su bravura, donde no existe rastro de civilización. 

"Playa Wizard, Red Frog, Panamá"

Pero también en Bastimentos existe todo lo contrario: Red Frog, una playa repleta de señoritos “bien” con servicios y restaurantes de hamburguesas a donde para acceder hay que pagar. Depende de gustos, claro está, pero yo después de haber visto Wizard no sentí ni frío, ni calor. Otra isla interesante en el archipiélago es Carenero, llamada así porque exactamente allí fue donde paró Colón a “carenar” o reparar su nave. Despensa de piratas durante años, hoy es un paraíso para los surfistas. Buenas olas, hostales baratos y chiringuitos sobre el mar donde rematar la jornada.

"basura en Bocas del Toro"
Y para rematar yo, tengo que reconocer que Bocas del Toro me ha dejado un sabor agridulce en la garganta. Antes de dejar las islas, un niño descalzo de no más de 9 años se acercó a hablar con nosotros y en una sola frase resumió así de sencilla y perfectamente lo que allí sucede: “Antes éramos pobres, ahora el problema es la basura”. Me dejó temblando. Y es que hace diez años Bocas no tenía turismo, la población autóctona no bebía coca colas, ni llevaba envases ni aerosoles a la playa, los productos manufacturados eran escasos. Hoy, tras los matorrales hay basura y mañana habrá más. El Nuncio papal que permite la matanza de los indígenas y jesuitas en la película La Misión termina diciendo a los tratantes de esclavos: “El mundo no es así, nosotros lo hemos hecho así” Lo suscribo. 
   

"isla Carenera, Bocas del Toro, surf"

martes, 4 de febrero de 2014

TANGAS, BUÑUELOS Y MÚSICA; LA ELEGANCIA DE NUEVA ORLEANS.


Nueva Orleans es elegante y vulgar. Dos cualidades opuestas que allí se entremezclan creando un ambiente muy especial. Pero iré por partes; llegamos a la ciudad sabiendo lo justo sobre su pasado como colonia francesa y española, y menos aún, sobre las raíces canadienses que le permiten hoy seguir manteniendo un carácter muy particular; la cultura Cajun. Sin embargo, pese a esa fuerte identidad y como os decía, Nueva Orleans también es vulgar, chabacano y ruidoso.

Tras un estresante viaje, aterrizar un viernes por la noche en la conocida Bourbon Street, fue para mi aterrador. Luces de neón, sexo en vivo… ¡Bienvenidos! New Orleans es una de las capitales de las despedidas de solteros y del desmadre en el sur de los Estados Unidos. El frío en el cuerpo tras un vuelo de tres horas desde Nueva York con el aire acondicionado en modo americano, nunca por encima de los 15ºC, unido al cansancio y a lo poco adecuado de mis pantalones de pinzas color beige; me impedía de todo punto mimetizarme con el jolgorio. La rara allí era yo, no quienes caminaban en lencería de satén o en tanga de pedrería. ¡Me sobraba tela por todas partes! 

"Música callejera en Bourbon Street"

Pese a todo, los balcones enrejados del siglo XIX de Bourbon Street le conceden a la fiesta un cierto aire de película del oeste bastante exótico. Además, conservan una curiosa tradición que proviene del carnaval, allí conocido como Mardi Gras. Consiste en que desde los balcones, los caballeros ofrecen collares a las damas paseantes a cambio de que estas les enseñen brevemente un pecho. Un trueque que hoy en día, desde luego, no sale a cuenta ya que los collares han dejado de ser de cristal checo para convertirse en un artículo de plástico más “made in China”. 

Desenfreno y tradición conviven también en los fabulosos patios de las antiguas viviendas, hoy reconvertidos en terrazas espectaculares donde tomarse unas copas charlando. El Hurricane es paradójicamente la bebida oficial de esta ciudad que cómo recordaréis fue asolada por el Katrina en 2005. Un coctel a base de ron, granadina y maracuyá que inventaron ante la escasez de whisky durante la Segunda Guerra Mundial.

"Casas French Quarter en Nueva Orleans"

Tras la fiesta, a la mañana siguiente, Nueva Orleans se despierta como si nada de aquello hubiese sucedido. El centro histórico de French Quarter trasmuta en un lugar perfecto para pasear y escuchar a músicos callejeros, la mayoría de una calidad altísima. Es la ciudad natal de Louis Armstrong, la tierra del jazz, y da la sensación de que el ritmo estuviese en el material genético de su gente. El centro está lleno también de galerías de arte y tiendas de antigüedades. La arquitectura de la ciudad es única en Estados Unidos, muy especial. Caminar contemplando el colorido de las fachadas y los enrejados de las casas criollas es una auténtica maravilla. Y desde luego, si tenéis la posibilidad, os recomiendo elegir un hotel ubicado en una de estas casas, una idea que nosotros, desafortunadamente, no tuvimos. Por azar nos topamos con el San Piere Hotel, una joya colonial que conserva toda la autenticidad de siglos pasados y que ofrece habitaciones por unos cien dólares, un precio muy razonable tratándose de Estados Unidos. 

"Azulejos de Talavera en Nueva Orleans"

Otro detalle llamativo son los nombres de las calles que están hechos en cerámica de Talavera (Toledo) como recuerdo del periodo en el que Louisiana fue una provincia española. Por eso hoy la calle Tolosa es Toulouse Street, la Calle Real es la Royal Street y la calle de Borbón es Bourbon Street.

"Buñuelos Nueva Orleans Cafe du Mond"
Para tomar un buen desayuno nos dejamos aconsejar por quienes conocen la ciudad y mereció la pena. En Nueva Orleans hay muchos cafés de estilo francés donde tomarse unos tradicionales Beignets o buñuelos, bañados en azúcar glas, que son exquisitos. El lugar más famoso para hacerlo es el Cafe du Mond, de gran calidad pero quizás demasiado concurrido.

Pero para estar realmente al día, en Estados Unidos los fines de semana no hay que desayunar, ni tampoco comer; lo que debe hacerse es tomar el “brunch”. Un desayuno copioso y tardío o una comida ligera y temprana, como prefiráis. Personalmente a mi me encanta, pero en Nueva Orleans es aún mejor ya que muchos locales cuentan con música en directo; eso, siempre y cuando no estén jugando los Saints, entonces la música se limitará al descanso.  Nosotros elegimos Buffas´ Bar en Esplanade Street y acertamos. La música fue estupenda, una banda de esas con solera, y la comida, mejor aún. Sus Benedicts Eggs, huevos escalfados con carne o pimientos, cubiertos con salsa holandesa, son un manjar que hay q probar. En la mayoría de los locales sólo los sirven los fines de semana y en contadas unidades. También probamos Port of Call, un restaurante muy popular en la ciudad por sus hamburguesas y patatas rellenas, aunque lo cierto es que a nosotros nos dejo algo decepcionados.  
    
Nueva Orleans fue abusada como colonia, tierra de plantaciones de esclavos y de desastres naturales, pese a ello, tiene fuerza, personalidad y poso. Es también vulgar sí, pero su alegría y espontaneidad ya las quisiera para sí la 5ªAvenida de Nueva York.

jueves, 23 de enero de 2014

DALLAS NECESITA EL PERDÓN DE KENNEDY

Antes de empezar a viajar con la asiduidad que ahora lo hago, Dallas era uno de los destinos estrella en mi lista de lugares por visitar. Las contadas veces que iba a un aeropuerto me quedaba fija mirando las pantallas donde anunciaban las próximas salidas hacia esta ciudad tejana. Imaginaba que sería un sitio lleno de acción, lujos e inmensos ranchos. Tengo que reconocer que el glamour de la serie Dallas en los albores de mi infancia cumplió conmigo su objetivo propagandístico y así me he pasado treinta y tres años soñando con visitar esta ciudad.

Bien es cierto que mis expectativas estaban muy alejadas de la realidad. Ya me lo habían avisado, aunque en el fondo nunca quise terminar de creerlo hasta que no lo viese con mis propios ojos. Dallas es una ciudad muy nueva ya que los primeros colonizadores llegaron a finales del siglo XIX, está especializada en negocios y convenciones y su población está muy dispersa. Todo apuntaba a que iba a llevarme un chasco y así fue.

"Pegasus en Magnolia Building Dallas"
 Sólo tenía un día para conocer la ciudad. Madrugué y a las 9 de la mañana estaba en el downtown de Dallas dispuesta a no perderme nada. Pero antes me propuse tomarme un café para coger fuerzas. No esperaba encontrar una cafetería italiana con bollería francesa, pero lo cierto es que tras caminar una hora sólo encontré bocadillos Subway, ni rastro de un simple Starbucks. Seguí caminando y en 90 minutos ya había peinado el centro de la ciudad y se me habían pasado las ganas del café.


"Sixth Floor Museum Jonh y Jackie Kennedy" Dallas es una ciudad vacía y aburrida. No hay ambiente comercial, no hay turistas, sólo contados empleados de oficina. Es una especie de escenario sin figuración. Creo que esto se debe a su organización social y no a su gente porque los dallasites, son simpáticos y agradables. Nunca antes me había sentido tan bien tratada como turista. Y es que en Dallas un visitante es un preciado bien. Los pocos que hay se concentran entorno al Sixth Floor Museum, el centro sobre la muerte de Jonh F. Kennedy, ubicado en el almacén de libros desde el que fue supuestamente disparado. Visitarlo merece la pena. Si antes de acudir ya creías en las teorías de la conspiración, cuando sales la versión oficial te parece un chiste. Después de mirar a través de la ventana desde la que dicen que Oswald disparó y tras pisar in situ la ubicación del coche presidencial en el momento del disparo, sería de necios creer en la versión oficial.

"Dallas Love Project"

 Dallas lleva 50 años viviendo entorno al magnicidio y ya está cansada. Es su reclamo turístico pero al mismo tiempo le pesa como una cruz. Al pasear por sus calles te encuentras media ciudad empapelada con murales que contienen mensajes de amor y de paz. Se trata de The Dallas LOVE Project, una iniciativa vecinal que pretende conmemorar los cincuenta años del asesinato redefiniendo el momento, llenándolo de lo contrario de lo que lo creo: amor y optimismo. Sólo le falta un corazón a Pegasus, símbolo de la ciudad, que corona el Magnolia Building. Ciertamente admirable.